Psicología y dolor crónico

Actualmente el dolor es un problema de primera magnitud. El 80% de las consultas médicas están motivadas por ello, convirtiéndose en el síntoma principal.

Se dice que el dolor es un síntoma asociado a la enfermedad, que promueve la preservación, movimiento y protección del organismo, sin embargo, cuando el dolor deja de ser identificador de riesgos y amenazas para la salud, y se prolonga, se convierte en una enfermedad en sí mismo. 

Al persistir el dolor, los pacientes comienzan a estar más expuestos a la acción de factores psicológicos (ansiedad, miedo al dolor, depresión) y sociales (conflictos familiares, pérdida de roles, riesgo laboral). Dichos factores, influyen negativamente en el curso de ésta.

El dolor crónico supone una situación de tensión mantenida que compromete distintos aspectos de la vida. Las repercusiones pueden ser numerosas y es muy probable que las personas que lo padecen experimenten pérdidas importantes.

Es así que puede aparecer un aumento progresivo de la preocupación por el propio estado corporal, el dolor, y sus posibles causas y consecuencias, acompañado de una retirada de atención hacia el mundo exterior.

Los pacientes se pueden volver cada vez mas retraídos, disminuyendo el nivel de actividad física y social pasando la mayor parte de tiempo en casa o en cama y centrado su vida y en ocasiones la de los demás entorno a su dolor, generando a su vez depresión, ansiedad y disminución de la calidad de vida. 

Debido a que el dolor es un fenómeno complejo resultante de la interacción de componentes sensoriales, cognitivos y afectivos; los factores psicológicos juegan un papel central en los problemas de dolor crónico.

El paciente al percibir el dolor puede sentirse angustiado, temeroso, deprimido o enojado, determinando un estado motivacional que le lleva a comportarse de tal manera que la sensación dolorosa disminuya o se intensifique; estableciendo una relación circular entre dolor, estado emocional y  conducta.

De esta manera los pensamientos y emociones pueden influir directamente sobre las respuestas fisiológicas; por ejemplo, los pensamientos estresantes pueden conducir al dolor en las partes del cuerpo que son vulnerables.

De igual forma, los sentimientos de indefensión pueden incrementar el dolor, o las interacciones con otras personas  pueden reforzarlo.

Es por ello que la intervención psicológica es una medida conjunta a utilizar en un abordaje multidisciplinar, en donde las intervenciones van dirigidas a la identificación en la percepción del dolor, al cambio  de su significado, a la modificación de las variables asociadas a el y a la modificación del comportamiento relacionado con el dolor o su expresión. 

Por tanto los objetivos generales se enfocan en:

  • Disminuir y cuando se pueda eliminar el dolor a través de técnicas no farmacológicas
  • Aumentar los niveles de bienestar físico, mental y emocional del paciente
  • Favorecer la autoeficacia, de manera que el paciente se sienta capaz de afrontar la situación
  • Reestablecer las funciones y actividades necesarias para que el individuo recupere su autonomía
  • Orientar al paciente para que se centre en las áreas de su vida menos afectas, y que puedan proporcionarle mayor habilidad para afrontar la enfermedad
  • Disminución y manejo de las emociones más desagradables, ira, ansiedad, tristeza, culpa, etc
  • Motivar al paciente para que realice cambio de hábitos, actitudes y conductas inadaptativas
  • Mejorar las habilidades de relación y comunicación en el entorno social y familiar
  • Prevenir complicaciones posteriores como ansiedad-dolor-depresión
  • Desarrollar recursos para la prevención de recaídas y la gestión de crisis
  • Favorecer una mejor percepción de la calidad de vida

En conclusión, el dolor crónico constituye uno de los problemas de salud mas relevantes , teniendo un impacto significativo sobre las personas que lo experimentan.

Se sabe que la falta de sensación de control sobre un determinado acontecimiento genera estados de ansiedad, que en el caso del dolor pueden contribuir a su exarcebarción. Por el contrario la sensación de control permite poner en marcha una serie de recursos de afrontamiento que disminuyen el estrés repercutiendo en el beneficio analgésico.

Por lo cual resulta fundamental el abordaje psicológico en donde el paciente sea consciente de la forma en que sus estados emocionales, creencias y conductas asociadas, interactúan el proceso del dolor; de manera que las intervenciones esten enfocadas en entender y promover estrategias de afrontamiento; de tal forma que exista una diferencia entre ser y estar enfermo . Es así, que el paciente tiene un rol activo en el control y tratamiento de su dolor. 

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